La especie fue transportada por un residente de la ciudad de Turrialba a finales de la década de los 90, pues la persona mantenía un intercambio de reptiles de manera legal e ilegal con un contacto de Puerto Rico. Debido a sus constantes visitas a la isla, desarrolló agrado por el coquí común por lo que decidió transportar algunos individuos ilegalmente hacia Costa Rica. Las ranas fueron colectadas en la localidad de Guayama en Puerto Rico, colocadas en una jabonera y transportadas en avión hasta Costa Rica dentro de la bolsa de la camisa del responsable. Una vez en Costa Rica, seis ranas (sexo desconocido) fueron liberadas en el patio de una casa donde lograron establecerse y reproducirse con éxito. Al poco tiempo, dicha población creció e invadió paulatinamente los jardines de los vecinos. Esto produjo descontento en algunos residentes del área, principalmente en los que contaban con una alta densidad de individuos en sus patios.

Algunos trataron de eliminarlas con la aplicación de venenos u otros métodos, mientras que otros aceptaron sin problemas la nueva especie en la localidad. Las ranas se hicieron populares y durante los primeros años existió una venta de individuos. Aparentemente fueron llevados a Guápiles, Heredia y Turrialba Centro, pero no se cuenta con noticias de poblaciones viables en dichas localidades.

La población resultante de esta introducción fue reportada en una revista científica hasta el año 2010 (García-Rodríguez et al. 2010). Estos autores reportan una población de aproximadamente 100 individuos en un área residencial ubicada en Turrialba, cerca del punto donde se introdujeron los primeros individuos. Luego de esto, no se ha publicado ninguna investigación referente a esta especie en Costa Rica.